Titulo: Los colores de la montaña
Titulo Original: Los colores de la montaña
Genero: Drama
Año De Producción: 2010
Estreno en España: 10/06/2011
País: Panamá, Colombia
Director: Carlos César Arbeláez
Si se calculara y comparara el grado de desarrollo de un país atendiendo al comportamiento de los niños en la escuela, creo que entre la zona rural Colombiana donde se desarrolla ésta película y cualquier ciudad española, el prefijo sub no dudaría en aplicárnoslo a nosotros. Un comportamiento respetuoso, cívico y natural ante una escuela que las circunstancias no permiten que funcione, de parte de unos niños que pertenecen involuntariamente a una sociedad que acostumbramos alegremente a despreciar sin avergonzarnos.
Titulo Original: Los colores de la montaña
Genero: Drama
Año De Producción: 2010
Estreno en España: 10/06/2011
País: Panamá, Colombia
Director: Carlos César Arbeláez
Si se calculara y comparara el grado de desarrollo de un país atendiendo al comportamiento de los niños en la escuela, creo que entre la zona rural Colombiana donde se desarrolla ésta película y cualquier ciudad española, el prefijo sub no dudaría en aplicárnoslo a nosotros. Un comportamiento respetuoso, cívico y natural ante una escuela que las circunstancias no permiten que funcione, de parte de unos niños que pertenecen involuntariamente a una sociedad que acostumbramos alegremente a despreciar sin avergonzarnos.
Asusta lo fácil que resulta desde nuestra torre tecnológica mirar por encima del hombro a los demás, pero nos hemos despreocupado desde hace tiempo de los cimientos, aun sabiendo que el material empleado no es el adecuado. Qué incómodo mirar hacia abajo, aunque nos sintamos obligados a ello y no tardemos en caer por no hacerlo.
Las imágenes sin duda resultarán extrañas para gran número de espectadores y es que será común la gran distancia entre el contenido de las mismas y quienes disfruten de la comodidad de las butacas, extrañeza ante un modo de vida, unas costumbres y un entorno que tachamos de primitivo, que se nos antoja ajeno, por olvidado, aunque no haya pasado tanto tiempo.
Ahora nos sentimos conquistadores, prueba de ello es poder comprar ropa y comida que conocemos y nos agrada dando igual si estamos en Chicago, Kyoto o Vilnius, recibir infinidad de noticias casi a tiempo real desde cualquier punto terráqueo (antes seleccionadas, filtradas y posicionadas según el medio que hayamos escogido) y poder estar conectados en todo momento con tantas personas como queramos (redefiniendo el concepto de amistad atendiendo a las opciones y limitaciones que las redes sociales nos ofrecen). Seguiremos arrasando, embarcados en esta nave llamada globalización que tan sólo se desplaza por la superficie, que por grande que sea la tempestad que azota se resuelve echando la culpa a la burbuja inmobiliaria y si nos preguntan por qué no dejamos subir a otros, que hay sitio, respondemos mirando al horizonte que no han querido venir ellos, que son una panda de vagos.
Los sueños, anhelos y deseos infantiles, por mucho que otros intenten cercarlos, mutilarlos y acabar con ellos, seguirán brotando, adaptándose y coloreando. Siempre habrá un padre que lo dará todo por alimentar tanto el cuerpo como el alma de sus hijos y entregará su vida si ese es el precio por una oportunidad para ellos.
Ante la realidad que se nos muestra (no una realidad, sino la realidad) solo cabe desear una inquietud global por situar a la Vida en la cima de nuestros valores, lo único que puede hacer frente a nuestra condición.
